Nigromancia en el mundo griego: Goeteia

09.06.2017

Los nigromantes psichagogos, esto es, que tenían la capacidad de invocar y manipular a los muertos para obtener fines más allá de la adivinación, recibían el nombre de goetís, de donde proviene goetia, referido a la magia negra, en cuanto a la manipulación de los espíritus o démones con intenciones dañinas. Esto implicaba que valían tanto para atraerlos al mundo de los vivos como para devolverlos allí, por lo que sus servicios eran contratados a pesar del temor, pues verdaderamente existía la conciencia de la existencia e influencia de los espíritus y los démones en la vida cotidiana.

Sin embargo, y sobre la base de las referencias arqueológicas, eran mucho más frecuentes las maldiciones por las cuales los espíritus se veían obligados a actuar que determinadas por su propia voluntad, por lo que puede afirmarse que, hasta cierto punto, no había tanto miedo de los démones como de que alguien los hechizase contra uno.

La manipulación propiamente de los espíritus-démones y de los difuntos se llevaba a cabo sobre todo con aquellos que se encontraban molestos u olvidados: los guerreros difuntos, por ejemplo, podían convertirse en espíritus guardianes, o no descansar en paz si fracasaron o no recibieron una sepultura adecuada, mostrándose en tal caso hostiles. De difuntos en situaciones semejantes puede aprovecharse el nigromante para sus malignidades, ya que su presencia es nefasta y a menudo se pensaba que sus almas podían alcanzar el rango de démones, y por tanto, controlar fuerzas que los vivos no. Para ello bastaba con remover sus tumbas para obtener algún resto o hacerse con alguna pertenencia e invocarlos. Escribir en laminillas de metales o en papiros un mensaje o maldición y enterrarlo con el difunto era otra buena vía de comunicación con el mundo subterráneo. A veces basta con la invocación, ya que el poder de la palabra como potencia sobrepasa con mucho al resto del ritual.

Podemos encontrar maldiciones con diversos fines a través de katadesmós o defixiones - conjuros de "atadura" a través de placas de plomo en las que se escribía o dibujaba lo deseado, que se golpeaban o perforaban y luego se abandonaban enterrándolas en la tierra, el agua, el fuego o en algún lugar de paso, como un umbral - , figuras de cera o tallas de madera, piedra o hueso maltratadas, que recuerdan a las más conocidas prácticas de vudú, y por escrito en papiros u otros soportes, indicando al mago las fórmulas - o conteniéndolas para su uso directo - más apropiadas para invocar a los espíritus y obligarles, bien a desarrollar la misión maléfica por su propia mano, bien a ser intermediario de las divinidades del inframundo para que concedan ese favor.

En el plano amoroso, se invocan las "propiedades" del difunto - es decir, su incapacidad física - para evitar la consumación de un acto sexual o para que uno no oiga o no vea a la otra persona que rivaliza con el mago o la maga, o con el cliente al que se atiende. Otras veces la función del espíritu es atormentar de manera suave al objeto de deseo del nigromante, sin dejarle dormir y llenándole los pensamientos de la imagen de su enamorado, así como atraer al amado hacia el enamorado. Igualmente, existía la creencia de que los démones conjurados podían adoptar formas físicas o al menos copiar sus imágenes para engañar a los enemigos fingiéndose otra persona, interviniendo directamente en el mundo de los vivos, de manera laxa o violenta según el deseo de la persona que lo conjura, para dar "señales" o "mensajes" al hechizado y convencerlo para cumplir los propósitos que el que ha realizado la maldición desea.

En las maldiciones en las que se desea la muerte de un individuo mediante la intervención de los espíritus de los muertos, se utilizan fórmulas con las que "se registra" el nombre del enemigo entre la población de Hades, como si de esta manera hubiera de ser reclamado en el mundo subterráneo. En tales casos, la apelación se dirige a las divinidades del inframundo y el démon es solamente el mensajero más apropiado para ese encargo. También era común la apelación a démones y dioses subterráneos cuando un individuo se sentía preso de una injusticia en que las leyes terrenales no podían complacerle, clamando a la justicia divina.

Se apela tanto a muertos anónimos como reconocidos, invocándolos por su nombre, y a pesar de lo mencionado anteriormente, no parece que haya resultados más notables si se escoge un difunto violentado, sin sepultura o joven, aunque por las facilidades antes mencionadas se escoge a estos.

Algunos textos literarios, como Las Ranas, de Aristófanes, dicen que han de ser invocados un mínimo de tres veces, aunque esto parece responder a una costumbre numérica religiosa no exclusiva de estas prácticas.

En la práctica ritual, la maldición podía retirarse del individuo cuando se hubiese obtenido lo deseado, liberando al mismo tiempo al hechizado y al démon del difunto que se estaba utilizando; en efecto, es necesario que se también esto se registre, ya que de otro modo, el espíritu quedaría encadenado al mago y sin posible descanso o regreso al mundo de los muertos, cosa mala tanto para él como para el que realiza la maldición, ya que puede verse perseguido y castigado por el démon. Tanto el fin del conjuro como la liberación se especifican en las propias fórmulas, dejando justa constancia:

«(...)que cuando yo desentierre, desenrolle y relea esto, entonces que se pueda casar Dionisofón, pero no antes »(PGM XVI)

«Si tú haces esto por mí, te liberaré» (Suppl. Mag. 46)

La nigromancia, asociada automáticamente a la magia en cuanto a su carácter manipulador, no se limitaba exclusivamente a invocar a los muertos, como hemos visto. Todo el mundo de ultratumba quedaba a merced del mago para requerir sus servicios. Así, podía invocarse a una familia al completo, a una necrópolis entera e incluso a las divinidades infernales como Koré/Perséfone, Hécate - diosa de la brujería por excelencia, Hermes Psicopompo o el propio Hades, cada cual con su evocación más apropiada según los objetivos de los magos.

Tanto para los démones y espíritus como para dominar a los dioses había voces magicae y nombres de potencias sobrenaturales de cierta complejidad que se incluían en los textos, que permitían al que los invocaba encadenar y obligar a los dioses igual que a los démones. Entre ellos se encontraban nombres del dios o los demonios hebreos, divinidades babilónicas y egipcias, etc. Pueblos de los que no debemos olvidar que en la antigüedad eran considerados grandes magos. Esta complejidad intencionada se prolongaba a través de las llamadas "palabras efesias", palabras sin significado, que dificultaban la formulación de las maldiciones a quienes no estaban iniciados en la práctica, pues si su ejecución no era perfecta tampoco serían efectivos los resultados. También se incluían a menudo una serie de símbolos mágicos que debían acompañar a la formulación, como los triángulos mágicos o "alas invertidas" formados por vocales o palabras del tipo abracadabra. No obstante lo que demuestran a los estudiosos es que en la práctica mágica existía un sincretismo cultual válido de todas las culturas circundantes. Un ejemplo de ello puede ser la palabra Iao, que se identifica con el nombre Yahvéh pero a la vez con uno de los nombres de Dioniso, o la enumeración intencionada de distintas divinidades y epítetos entremezclados, sin que la presencia de unos interfiera en la de otros.

«Deposito junto a vosotros, dioses subterráneos, Plutón, Yesmigadoth y Koré Perséfone Eresquigal, y Adonis, también llamado Barbarita, y Hermes subterráneo Toth, y el poderoso Anubis Pseriphta, que tiene las llaves de las puertas del Hades (...) Yo te conjuro, démon de muerto. Quienquiera que seas, seas hombre o mujer, por Barbaathan Cheloumbra Barouchambra Adonaios y por Abrath Abrasax Sesegen» (Suppl. Mag. 46)

Pietro Viktor Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:
Dodds, E.R., Los griegos y lo irracional. Alianza Editorial, Madrid, 1997
Luck, G. Arcana Mundi: Magia y Ciencias Ocultas en el Mundo Griego y Romano, Gredos, 1995 / Arcana Mundi: Magic and the Occult in the Greek and Roman worlds, The John Hopkins University Press, Baltimore, 2006
Martín Hernández, R; Torallas Tovar, S; Conversaciones con la muerte. Diálogos del hombre con el más allá: Desde la Antigüedad hasta la Edad Media, CSIC, Madrid 2011.
Petropoulos, J.C.B., Greek magic: ancient, medieval and modern. Routledge, 2008- Textos de magia en Papiros Griegos, Biblioteca Clásica Gredos, 1987