Sigilos: sellos mágicos

07.01.2018

Los orígenes de los sigilos se pierden en la niebla de los tiempos si nos atrevemos a identificar como tales incluso las marcas que nuestros antepasados prehistóricos grababan en las piedras. Sin embargo, es más lógico identificarlo a partir de la creación de la escritura, y por tanto, la manifestación consciente de un concepto mediante la abstracción que supone. Porque, por definición, eso es un sigil o sigilo: una abstracción de un concepto físico o no, la manifestación abstracta de un deseo o intención. Sigil o sigilo, parece tener su origen etimológico en sigillum, lat. sello., lo cual no es de extrañar pues es la marca de la impronta de alguien. Se identificó también con seghulot, en hebreo, que significa "remedio espiritual" y se identificaban como amuletos para atraer la suerte.

En el ámbito mágico, el sigil o sigilo acostumbraba a ser la marca que indicaba, invocaba o manifestaba a una potencia mágica, superior, divina o demoníaca, Estos sellos estaban caracterizados por cuestiones astrológicas o de escritura divina, jeroglífica, comúnmente reservadas a aquellos que fuesen cercanos a esas potencias, ya fuesen sacerdotes o hechiceros. Lo difícil es establecer las características propias de lo que es un sigil y lo que es solamente un símbolo mágico cuando desconocemos los significados propios de las imágenes que encontramos, por ejemplo, en papiros mágicos y de la que no tenemos modelos anteriores.

La expansión del uso de sigilos tal y como los conocemos hoy día se da a partir del conocimiento y fusión del esoterismo hebreo. La propia ausencia de vocales y las posibilidades de interpretación y reinterpretación de sus escrituras sagradas se convierten en un mecanismo perfecto para justificar la expresión de la voluntad de manera encriptada. Por ello los primeros sigilos que cumplen con la imagen general que de ellos se tiene se dan cuando símbolos astrológicos y cabalísticos se fusionan como firmas de entes demoníacos y angélicos, más aptos para su invocación y manipulación que divinidades respetables o secretas, como ocurría con la visión egipcia o mitraísta.

A la hoja de realizar los sigilos el soporte resulta indiferente, si bien la plasmación por escrito es lo que confiere valor al sello. Lo común es el papel, la madera o amuletos metálicos. La piedra no parece haber sido un buen soporte, acaso porque la complejidad de los símbolos no es adecuada a la dureza del material. Se instruye en realizarlo antes o durante el ritual, pero también es común pronunciarlo repetidas veces. Para algunos, los vocablos sin sentido que se veían en conjuros como los que encontramos en los papiros mágicos griegos podrían tratarse no solo de complicaciones de los conjuros para los no iniciados, sino también el resultado en sigil hablado de combinaciones de palabras.

Mas no todo resulta tan incomprensible. A partir del S.VI y a lo largo de la Edad Media surge la necesidad, por una parte, de esconder sigilos antiguos bajo formas conocidas que no delaten la práctica mágica, y por otra, la creación de nuevos sellos adaptados a las prácticas de la época. En el primer caso, los símbolos astrológicos ganan fuerza por su defensa a través de la astronomía y la astrología, ciencias hermanadas, lo que permitió la supervivencia de la segunda, mientras los símbolos judaicos cayeron poco a poco en desgracia, salvo en los casos prácticos donde ángeles y demonios debían tener su nombre escrito también en la lengua hebrea "originaria." En el caso concreto de la Península Ibérica, la presencia árabe produce una mezcolanza entre los tres que llena el panorama mágico de múltiples nuevas grafías a utilizar, habida cuenta que también ellos tenían su propia mitología angélica y demoníaca. La cuestión astrológica potencia a su vez la identificación de las estrellas y planetas no sólo con los entes divinos, también con las propias divinidades y mitos paganos, de los cuales heredan los nombres. El uso del griego y el latín se une a los sigilos como títulos visibles y comprensibles - normalmente mentando al dios judeocristiano en sus múltiples acepciones como salvaguarda - mientras que las demás lenguas, los diversos símbolos antiguos o nuevos, quedan para el valor esotérico propiamente dicho, conservando el secretismo o iniciación previos que caracterizan a la magia.

En la Edad moderna los sigilos medievales son objeto de admiración pero también de modificación. Bajo el pretexto de basarse en ellos, y siguiendo las propias obras de estudiosos que afirman haber descubierto el número exacto de demonios infernales o la fórmula por la cual Dios nombra a sus ángeles, recogen en numerosos grimorios, algunos sobre la base de grimorios anteriores y otros totalmente nuevos afirmando un origen antiguo para darse prestigio, todos los sigilos necesarios para los rituales que contienen: pentagramas, sellos salomónicos, sigilos angélicos... algunos de los cuales ya no tienen ese valor oculto, sino que han sido creados de cero mediante nuevos procedimientos (como se verá a continuación) que se consideran igualmente válidos, y que incluso pueden tener usos abiertos y reconocidos. No olvidemos que en la época de Paracelso (S.XV) aún se atendía a las propiedades astrológicas de los remedios curativos y algunas enfermedades se trataban con medallas de oro cargadas de sigilos como parte importante del tratamiento

De esta manera, encontraremos símbolos extraños e incongruentes a primera vista, junto a otros más evidentes y menos cuidados, como pueden ser trazos en forma de corazón para invocaciones a Venus en conjuros de amor, soles para la iluminación de la mente, lazos para hechizos de atadura, o inconfundibles dibujos de los órganos reproductivos en hechizos que pretenden la fertilidad o directamente favores sexuales, a nombre de un ángel cuyo nombre casualmente es Anael.

Merece un toque de atención a la cuestión de los sigilos externos a la magia occidental, habitual que no son tales pero se equiparan, como es la cuestión rúnica. Muchos han querido ver aquí, quizás influenciados por las ideas de sus símbolos mágicos, sigilos nórdicos, pero esto no es del todo correcto. Las runas, incluso las runas ligadas, conforman amuletos en sí mismos, pues cada letra es también una palabra, y cada palabra, un medio de invocación a unas fuerzas o dioses concretos, así como un mensaje oracular. Sí pueden crearse sigilos con runas, en tanto en cuanto algún practicante los ejecute como parte de su ritual y enfoque en ellos un propósito. Pero el concepto de sigil, en su elaborada transformación, no encaja en demasía dentro del ideario rúnico primigenio, salvo en casos concretos como son los Símbolos mágicos de Islandia. Algo parecido ocurre con la ejecución, desarrollo y contemplación de los mandalas orientales, los cuales, a pesar de su contenido y función más espirituales, también se han comparado con los sigilos, si bien en este caso tienen en común su plasmación física y la recitación de mantras.

En cuanto a los mudras, gestos sagrados de orígenes indios y extendidos por toda Asia, si bien su propio nombre parece indicar "sello", su enfoque antropológico supone un obstáculo difícil de salvar como para tratar de aplicar sus usos meditativos, curativos y espirituales a un ritual mágico como a los que estamos acostumbrados. Sin embargo, también existen en la magia occidental sigilos manuales, donde cada dedo o incluso cada falange evocan un número, letra, elemento o signos astrológicos, y la posición de los manos completa el significado.

La llamada Magia del Caos de Peter. J. Carroll y el Ocultismo de Aleister Crowley, unidos al neopaganismo, revivieron la utilización de sigilos entre los practicantes de magia a la par que los procesos de sigilización se popularizaron a raíz de las manifestaciones de Austin Osman Spare (1888 - 1956) en sus distintos libros. Osman Spare era artista por definición y por dedicación, y la idea de la plasmación pictórica de un conocimiento superior, inspirado o producto de la concentración, automático o intencionado, así como definido por trances, influyó notablemente en el desarrollo de las técnicas de creación de sigilos e incluso la modificación de sigilos ya existentes. La libertad creativa forma parte del ideario de la Magia del Caos, que se autodefinió por este modelo, que el autor enseñaba en su culto Zos Kía, el cual fundó después de haber participado en la OTO y la Golden Dawn junto con Crowley. Mientras que los grupos más ortodoxos incitan a la utilización de sigilos ya existentes y niegan la posibilidad de crear nuevos sellos mágicos, lo cierto es que la heterodoxia reina en estos parajes y se han recopilado o inventado - a veces es difícil saberlo - muy distintas maneras de realizar sigilos para su uso dentro o fuera de un ritual.

Ante todo, los sigilos modernos son en su conjunto un método de encriptación. Uno de los métodos de creación de sigilos consiste en la representación sencilla de aquello que deseamos obtener. Trazar en el aire o en un soporte unos ojos para ver con claridad una situación, corazones para enamorar, una casa para proteger a la familia, el objeto de nuestro deseo.... Muy a la manera de los grimorios de la Edad Moderna que vimos anteriormente. La variante que complica este acto conlleva la distorsión del elemento dibujado hasta que no pueda recordarnos a ello. De esta manera su significado sólo tiene sentido para el creador y sólo él puede concentrarse en el deseo concreto.

Estos dos recursos son pictográficos, los siguientes son escritos. Uno de ellos, basado en la cábala y en los cuadrados mágicos árabes, consiste en la distribución de las letras del alfabeto en cuadrados astrológicos o kameas, que asignan a cada grafía un número dentro de la distribución en casillas del cuadrado, un número por casilla. Se toma la palabra deseada y se traza el recorrido que hacen las letras según su número correspondiente, indicando con algún signo especial, (un círculo o una línea recta, una cruz, etc.) el principio y el fin de la palabra. En el conjunto astrológico, este es, evidentemente, uno de los sistemas más utilizados y acreditados.

Este mecanismo también se realiza con las llamadas "rosas", con una o varias letras distribuidas por los pétalos, por los cuales se va moviendo el trazo en líneas rectas. Otra variante de la rosa es el ideograma de las estrella de veintiséis puntas, en cada una de las cuales se sitúa una letra del alfabeto, normalmente siguiendo un patrón numérico o el camino de los trazos, habitualmente en el sentido contrario a las agujas del reloj.

Uno parecido y con una base hebraica es el llamado Gagal, un círculo que tiene entorno a sí las letras hebreas y que permite la recreación de una firma sigil dentro de los límites del círculo. Las demás técnicas de sigilización hebrea conllevan unos conocimientos cabalísticos que bien merecerían otro artículo.

También existen los procedimientos conocidos como "mantras", aunque su denominación dista mucho se la palabra que refiere. En este caso, se formula un propósito claro y conciso, y se eliminan todas las letras repetidas, quedando un mensaje incomprensible. Ese mensaje se divide en nuevas palabras, incluso pueden desordenarse las letras. Esas letras se fusionan entre sí hasta obtener un sello mágico del que, una vez más, solamente el creador conocerá el nombre. Además obtiene a la par "palabras mágicas" que recitar mientras lo ejecuta.

Por supuesto, existen variantes que realizan estos mismos procedimientos con letras griegas, hebreas o de lenguas de su elección, también los que sitúan los alfabetos en cuadrados mágicos que cuentan de diez en diez a partir de la undécima letra. Además son comunes los sigilos creados a partir de la sustitución por un alfabeto arcano o de la fusión de un código de símbolos asignados a cada letra o número. Otros optan por la escritura automática o incluso ciega, dejándose llevar por el inconsciente y tomando la forma resultante como el sigilo apropiado para esa situación.

No existe tampoco un uso cerrado del sigil. Dentro del ritual, hay quien rodea el círculo mágico con ellos, otros que los inscriben en el interior. Hay quien lo dibuja y mantiene delante, fijo, para concentrarse en sus líneas y potenciar sus deseos, para después del rito o de cumplirse, destruirlo, mientras que otros optan por esconderlos o dejarlos menos a la vista tras concentrar en ellos su energía o ritualizarlos y dejar que el sigilo expanda su poder (por ejemplo, un sigil para sanar debajo de la cama, o uno de protección en el marco de una puerta)

Dentro de esa libertad creativa merece la pena mencionar que Osman Spare se enfocaba mucho en la intensidad emocional, que consideraba el medio más poderoso para conseguir proyectar los deseos en un sigilo. Para él, en el mismo momento de formular un deseo el ser humano tiene en mente múltiples posibilidades y probabilidades que incluyen la negativa del mismo. Por ello la necesidad de alterar las formas de las letras o los símbolos hasta que se conviertan en algo irreconocible. Además, esto se consigue más fácilmente si el cuerpo se encuentra en un éxtasis, de cualquier tipo (sexual, doloroso, emocional...). Por ello proponía entre sus métodos rituales la retención y liberación de orgasmos, las llamadas "posturas de la muerte", tan incómodas que soportarlas unos minutos manifiestan una voluntad fuerte y cuyo fin supone un descargo (si bien las recomendaba realizar a diario como "entrenamiento espiritual") o aprovechar momentos de euforia o desmayo.

Sin embargo, su propia libertad creativa ha producido que, si bien estas pautas se tengan en cuenta, cada mago o practicante pueda realizar sigilos sin juicio alguno, ni interno ni externo, y que se hayan convertido en la herramienta más oculta pero más utilizada entre todo tipo de grupos de la magia actual.

Pietro Viktor Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:
- Clifton, Chas; Witchcraft and Shamanism. Witchcraft today 8III) Llewellyn Publications, 1994
- Biedermann, Diccionario de símbolos, Editorial Paidós Ibérica, Barcelona, 2013
- Drury, N. The history of magic in the modern age: a quest for a personal transformation. 

- Constable, 2000Semple., Gavin W. . Zos-Kia. El arte y brujería de Austin Osman Spare.. Ed. Fulgur, 1995.