Reseña: Exposición Plantas y Brujería en la Universidad Complutense de Madrid

13.03.2018

A pocos días de finalizar la exposición, se consiguió visitarla, y aquí se deja una reseña-resumen para que podáis valorar la exposición también vosotros, desde cualquier lugar, y promocionar más actividades como esta. Acomodado en un espacio no muy extenso, la exposición resulta bastante completa, acertada, y hasta cierto punto acogedora. Con escobas en el techo, una luna llena proyectada en la pared frontal, murciélagos colgantes y la adaptada recreación de la chimenea con el caldero hirviente en una posible cabaña de bruja, la ambientación del conjunto no deja indiferente, si bien se echa en falta un espacio mayor para una cuestión tan compleja. Dejando de lado la recreación escenográfica, se disponen varias vitrinas, algunas bajas y otras altas, para observar las plantas seleccionadas y otros enseres.

Entre las vitrinas o sobre ellas encontramos los paneles informativos con información general pero también curiosidades. Quizás esta es la parte más interesante de la exposición, ya que para el profano en la herbología y la biología, la muestra de especímenes tampoco le permite deducir mucho más. No obstante, las cartelas aportaban mucha información extra. La inclusión de curiosidades, por otra parte, convierten el recorrido en el inicio de posibles caminos a la investigación e interés personales que, de haber sido expuestas en un largo citado de autores o textos exhaustivos, no habrían conseguido la sensación de visita ligera que ofrece el lugar.


Si nos guiamos por el aparente orden de la exposición, comenzamos con un panel en el que se presenta la temática: Las plantas y la brujería. Una acertada introducción para iniciar el recorrido teniendo presente que no nos encontramos en una exposición puramente vegetal. Se refiere, entre las cuestiones relativas a la evolución de la dualidad de la utilización de las plantas, desde la figura del chamán a la del boticario, y médico, y entre medias de la visión religiosa y la científica, la mágica, la figura de la bruja, experta en hierbas de funciones no siempre comprobables. De aquí se pasa a las hierbas curativas y a la visión medieval de la brujería negativa y manipuladora, asociada a los servicios del diablo, imagen que, por otra parte, es la que ha perdurado hasta nuestros días. Como una de esas curiosidades que incluía la exposición la mención a las plantas nitrófilas, las cuales requieren nitrógeno y materia orgánica, lo cual puede encontrarse fácilmente en cementerios y otros lugares abandonados que, casualmente, visitaban las brujas para preparación de sus brebajes. Además, el hecho de recogerlas al atardecer no se debía tanto a una cuestión de ocultamiento de malas acciones como al hecho de que los alcaloides, responsables de las reacciones psicoactivas de sus tomas, aumentaban tras todo un día recibiendo la luz del sol.

Se indican a nivel geográfico algunas de las plantas más utilizadas y científicamente reconocidas por sus efectos, que tuvieron usos de carácter chamánico, místico, brujeril. De África exponen la iboga, que rallada, en polvo o infusión estimula el sistema nervioso central produciendo alucinaciones. De Sudamérica se mencionan el peyote, el San Pedro, que además de usos religiosos en México y los Andes, también son utilizados en psiquiatría También aparecen la ayahuasca, caapi o yajé, así como el hongo teonanácalt o carne de Dios. En Asia encontramos el cáñamo indio, cannabis, o el hongo Amanita, cuyo uso ceremonial en zonas tan dispares como India, Siberia y Mesoamérica pone de relieve la supuesta herencia cultural de los asiáticos en sus todavía poco conocidos viajes al continente americano. De Europa tenemos el caso del muérdago y los robles entre los druidas del mundo celta, así como el llamado cornezuelo del centeno, un hongo alucinógenos de cuyo derivado sintético parte el LSD. Su uso se daba ya en el ciceo/kikeon griego, bebida ritual de los misterios eleusinos; y su utilización aumentó durante la Edad Media, acaso por la brujería, acaso por sus valores medicinales.

La utilización de las plantas en aceites y perfumes se encuentra unido al uso medicinal, pero también al estético y puramente mágico, a la par que los inciensos y sahumerios. Es el caso de las resinas quemadas para purificar lugares o personas para inducir a una atmósfera especial para la adivinación o el desarrollo de un conjuro.

En cuanto a los elixires, unido a los puramente venenosos encontramos los de función amorosa, normalmente preparados con especies de tipo afrodisíaco, espirituoso, y algunos otros con triptaminas, presentes en las sensaciones de enamoramiento. Claro que, como todo, el control que debía tenerse en la producción e ingestión de los mismos era más que necesario para evitar sobredosis con resultados nefastos. Entre estos resultados se incluían alucinaciones, enrojecimiento dérmico, fotofobia, desorientación, parálisis y la propia muerte Una curiosidad relacionada con esto que nos muestra la exposición es la probabilidad de que en Salem, la acusación de brujería y envenenamiento procediese quizás de panes de centeno mal fermentados donde proliferaría un hongo llamado Calviceps purpurea que produce ácidos del LSD, con las consecuentes alucinaciones. Sin embargo, también existían antídotos como la muscarina, conocida por sus virtudes contra el envenenamiento.

Cuatro plantas gozan de la supremacía en el uso mágico/medicinal. El beleño, el estramonio, la belladona y la mandrágora. Cada una de ellas guarda muchas peculiaridades, El beleño era usado como veneno por los galos, que impregnaban las puntas de sus flechas, así como durante el medievo, siguiendo la idea mágica de que lo semejante influye en lo semejante, se utilizaron para el dolor de muelas y otras cuestiones dentales. Del estramonio sabemos que en el mundo grecorromano era utilizado como afrodisíaco, sobre todo en bacanales y festivales dionisíacos, pero el propio Dioscórides advertía ya de su posible toxicidad. Sin embargo, sus semillas son conocidas por su efectividad contra el asma. Alrededor de belladona, conocida como planta de los aquelarres, existían muchas leyendas, como aquella de que solamente su espíritu y poderes surgían en la noche de difuntos, Halloween o Walpurgis, así como en Egipto y Siria se utilizaba para mejorar el estado de ánimo. Asimismo, su nombre en latín Atropa belladona, hace referencia a átropos, la Moira que cortaba el hilo de la vida, refiriendo a su alta toxicidad. Y por excelencia, la mandrágora es quizás la más conocida de las cuatro, no sólo por sus famosos chillidos al ser arrancadas, sino por los numerosos rituales que se desarrollan en torno a ella: desde ritos matrimoniales a la creación de anestesias, pasando por sus visiones literarias donde es usada por Circe para convertir a los compañeros de Odiseo en cerdos. Todo ello motivado por su apariencia antropomorfa, ya que sus raíces bien forman una figura que pueda recordar a un cuerpo con piernas y brazos.

Merece especial mención la vitrina con hortalizas y frutos de cáscara dura, como parte de las plantas y de la utilización de las mismas, en especial como continentes de líquidos o inciensos y de luces, para ser usados como linternas, también en ritos particulares, como es el caso de los nabos o las calabazas en la noche de difuntos. Curiosa la inclusión de maracas y otros instrumentos surgidos de la manipulación de estos frutos, como parte de la cuestión mágico-religiosa, de la importancia de la música en el ritual.

Increíble coincidencia y pocas veces tenida en cuenta es el hecho de que las escobas tienen, evidentemente, un componente vegetal, del cual hay más de 170 variedades de plantas escogidas para el fin concreto de la utilización como escobas, como el sorgo y el mijo, la palma, las bolas... algunas toman incluso el nombre, como el escobón, el plumerillo o la retama de escobas. Si bien la idea de que las brujas vuelan es indiscutible en la mayoría de culturas, su asociación con las escobas, proveniente del medievo (apareciendo por primera vez en un Canon Episcopi del S.X), puede deberse tanto a su identificación con las labores femeninas, como a visiones más obscenas de su uso.

Las hierbas también han funcionado como defensa contra las brujas, a pesar de ser éstas las principales fabricantes de ungüentos y filtros con ellas. Es el caso de los cardos dorados, la flor de hinojo o las siemprevivas que simbolizan el sol, o las ramas de escoba, ejemplares utilizados en toda la Europa rural, además de espantabrujas, figuras en los tejados y chimeneas, allí dispuestos en la creencia de que sobrevolaban las casas, aunque las defensas principales siempre estaban en puertas y ventanas, donde los ajos ganan por goleada su fama de ahuyentar a malos espíritus. El hipérico o Hierba de San Juan era conocida como Fuga daemonium, pues su quema ahuyentaba a los malos espíritus y su ingestión liberaba a los poseídos y desvelaba los secretos inconfesables de los acusados de brujería.

Por otro lado también advertían de la presencia de brujas, como cuando se topa uno con las llamadas "escobas de bruja", arbustos infectados por hongos que entrelazan las ramas y las ennegrecen hasta formar bolas en medio de la arboleda.

Para finalizar, llegamos a la parte de la pervivencia en la actualidad. No sólo continúan celebrándose festivales estacionales donde los rituales de carácter mágico, como la recolección de ciertas hierbas, la encendida de hogueras, la quema de inciensos o el vaciado de linternas vegetales, sino también en la literatura. Pasamos de las visiones grecorromanas de la magia en la poesía épica (Circe, Medea, Ericto...) o las novelas de Apuleyo, a la bruja con caldero, gato y escoba. Esta imagen aparece por primera vez en un grabado de Brueghel el Viejo de 1565, aunque hay representaciones anteriores atribuidas a El Bosco (1450-1516), donde ya aparecen lo que serían "modelos" de esta imagen brujeril La evolución de la imagen de la magia ha tomado dos caminos hacia el personaje maléfico y benéfico, pero en el caso de la bruja, acaso por su sexo, acaso por lingüística, la imagen predominante continúa siendo cuando menos inquietante, e iniciativas como ésta permiten que disfrutemos de todo su mundo sin tanto prejuicio.

Pietro Viktor Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com