La purificación de la astrología

20.03.2017

La astrología es para algunos una explotación de base científica. Las medidas matemáticas celestes, exactas en los equinoccios o en los movimientos de los astros, al igual que la reunión de estrellas para identificar una forma más o menos conocida... son características científicas. Pero la implicación estelar en el desarrollo futuro de un individuo no es demostrable desde las llamadas "ciencias exactas", como ocurre con el resto de creencias. 

La astrología siempre ha tenido mayor repercusión que el resto de mánticas y también ha sido la más respetada, gracias a este respaldo científico, y a otros que curiosamente sí siguen un patrón numerológico, que no matemático. La luna, sí, influye en las mareas y altera la actividad sexual o territorial de ciertos seres vivos; incluso hay estudios acerca de si, en efecto, las crisis de pacientes psiquiátricos o los partos o infartos femeninos coinciden con las fases lunares, con resultados incontrastables por sus diferencias. Pero existen otras implicaciones que, siendo comparativamente exactas, son difíciles de estimar como auténticas, o al menos, como influencias directas... véase el caso de la precesión .

La precesión, ya conocida en Babilonia y confirmada por Hiparco de Nicea , cuyo transmisor es Claudio Ptolomeo (s. II d.C.),es una variación acumulativa de 1º, que se produce por la rotación del eje polar alrededor del polo elíptico, cada 72 años. El total de la elíptica cumple los 25.920 años. Para la numerología, este ritmo cósmico se corresponde, impresionantemente, con nuestras 72 pulsaciones de media por minuto y nuestra media de 25.920 respiraciones al día. Coincidencia o no, ¿hasta qué punto es estimable como influencia?

Acerca de la precesión hay otro asunto que a pie de calle es desconocido por los aficionados a la astrología, pero de vital importancia entre verdaderos dedicados. El zodíaco es una franja situada a 6º a cada lado de la elíptica. El Zodíaco, dividido en doce signos de 30º empieza en el 0º de Aries. Debido a este desplazamiento, el Sol no regresa al 0º de Aries, sino que va superando, poco a poco, la constelación. Es lo que se denominan Eras Astrológicas, y nos encontramos en la de Piscis - que no pocos dudaron en relacionar con "ichthys", el ideograma del pez del cristianismo - , ya que nuestro signo moderno de Aries se situaría en verdad sobre ésta constelación. A finales del segundo milenio entraremos en la Era de Acuario. Y bien, llegados a este punto, ¿cómo es que no se han reactualizado los signos zodiacales correspondientes? Entre otras, la Jyotish - astrología védica, hindú- ha intentado seguir este traslado, pero en la mayoría del mundo occidental, continuamos con el Zodíaco en sus fechas, aunque vayamos siempre con un signo de "retraso". Por una parte se debe a que nuestro Zodíaco y nuestra cultura astronómica-astrológica la heredamos - pues los griegos conocían ya la astrología mesopotámica - desde antes de que esto ocurriera, o al menos desde antes de que la precesión astrológica - que no astronómica - fuese reconocida como tal.

Por otra, en 1930 se fijaron con precisión los límites de las constelaciones para poder identificar y estudiar cada estrella, lo que conlleva a la par una fijación de las figuras celestes heredadas, que no tendría lógica reinventar cada vez que se desplazaran en el lienzo celeste. Las fechas de entrada o inicio, o de fin y salida, sin embargo, sí que oscilan y se admiten variaciones anuales, que deben reflejarse en la Carta Astral, mapa celeste que recrea la posición de las estrellas en una fecha determinada, y que acostumbramos a ver en la definición de nacimiento de las personas que solicitan una consulta astrológica.

En relación con la herencia recibida hay otro apunte mayor aún que éste, y mucho más evidenciado. La astrología se basaba en un sistema geocéntrico que no se ha podido abandonar del todo: el universo sigue siendo un manto que cubre la tierra desde la que observamos, cuyo movimiento alrededor del sol no debe influir en la observación astrológica. Más problemas aún hubo en el reajuste planetario, pues los antiguos conocían el Sol y la Luna, y solamente cinco planetas: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Con el descubrimiento de Urano, Neptuno, y hasta hace poco Plutón - ejemplo más claro de que se ignoran los cambios científicos a nivel astrológico pero también social, por aquello más y mejor conocido. Los planetas se mueven simultáneamente "a través" de las Casas y los signos del Zodíaco, y antiguamente se establecían tipos o perfiles planetarios para los individuos - cosa más conocida en quiromancia, muy estrechamente vinculada a la astrología - que coincidían con características mitológicas. De nuevo los astrólogos se vieron en la tesitura de evaluar la influencia de los nuevos planetas con características centradas más en el mito asociado que en identificaciones de sus predecesores.

Hay astrólogos que luchan porque la astrología sea reconocida como ciencia pese a no cumplir todos los requisitos para ello, alegando que muchas ciencias humanas tampoco cumplen esas pautas, como la filosofía o la teología, que también tienen una base de creencia. Otros consideran que no es necesario este reconocimiento para seguir adelante con una disciplina que ha sobrevivido desde el principio de los tiempos. Geoffrey Cornelius, presidente de la Astrological Lodge de Londres, no duda en reconocer que en la actualidad su disciplina tiene muchas modificaciones más aún pendientes, ajustables a la modernidad y al mundo moderno, que conoce otros muchos medios de adivinación, así como no evade las cuestiones más históricas: En la época de Ptolomeo, ya había dos caminos astrológicos diferenciados: el natural, dedicado a la observación de los acontecimientos celestes asociados a los ocurridos a la par en suelo terrestre y el "judicial", aquél que define las características del individuo e incluso sus situaciones particulares. La primera de estas vías tiene un estudio más científico, en tanto en cuanto se basan en la observación y la comparación de los fenómenos astronómicos y meteorológicos, mientras que la segunda, a nivel particular, se acerca peligrosamente a un Paranatellón, nombre más apropiado para los horóscopos diarios, como generalización abusiva y carente de verdadero estudio, pues se obvian otras decenas de influencias, por citar los más conocida, los Ascendentes o los Aspectos. Entre otras afirmaciones del estudioso, merece la pena, para ser fieles al propósito de ABRA, indicar que, para él, la astrología no requiere necesariamente de una base científica como tal, ni ser enmarcada en terreno adivinatorio. Para él es más un estudio de los símbolos y de la belleza formal del universo, incluso

"may be characterized as cosmic sympathy: the planets and their positions mirror the occult quality of the totality of the macrocosm-microcosm 'at the moment'. This sympathy is also mirrored in the knowing that belongs to the soul." (1994)

<<puede ser caracterizada como simpatía cósmica - siguiendo la idea platónica - : los planetas y sus posiciones reflejan la cualidad oculta de la totalidad del macrocosmos-microcosmos 'en el momento'. Esta simpatía asimismo queda reflejada en el conocimiento que pertenece al alma.>>

Acepta lo filosófico, lo religioso, lo subjetivo, y considera la astrología un medio que ha sobrevivido gracias a su poder de hacernos sentir contactados con algo superior, si queremos, llámese sagrado. 

Por Pietro Viktor Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:
Cornelius, G. Manual de los cielos y sus mitos, BLUME, 2005
Cornelius, G. The Moment of Astrology, The Wessex Astrologer, Ltd. 2005
Little, K. Defining the Moment: Geoffrey Cornelius and the Development of the Divinatory Perspective, - astrozero.co.uk. - 2006
Samsó, J. Astrometeorología y astrología medievales, Universitat de Barcelona, 2009
Tester, J. Historia de la astrología occidental, S. XXI, México, 1990
Tondriau, J. Diccionario de las ciencias ocultas, EDAF, 1985