La magia en Apuleyo

24.07.2018

Apuleyo es el autor de tres obras que han llegado hasta nosotros: la Apología, las Flórida y Las Metamorfósis o El Asno de Oro. No sabemos mucho de este autor, pero los datos biográficos se pueden sacar de dos obras, la Apología y Las Flórida. En ellas se nos dice que es africano. Nace en Madaura (una ciudad en Numidia) y su padre era de Italia. El padre hubo llegado a África con una expedición de veteranos que repoblarían la colonia y obtuvo la mayor magistratura que se podía otorgar a alguien, el duunvirato. La fecha de nacimiento de Apuleyo es incierta, pero se cree que puede oscilar entre el 114 o el 125.

También sabemos que recibió una educación esmerada, que se correspondía a los hijos de las familias distinguidas y de una posición destacada. Conocemos el dato de que estudió en Cartago guardando gran cariño y gratitud a esta ciudad. Tras la muerte de su padre y con una holgada posición económica tras recibir la herencia, decide viajar por Oriente, Grecia e Italia.

En cuanto a su talento de escritor, sabemos que escribió obras en griego y latín, en verso y en prosa, es filósofo, retórico y novelista, con gran fecundidad en todos los géneros. En El Asno de Oro o Las Metamorfosis encontramos edificación, obra satírica, novela erótica y símbolo religioso. Hablar de esta obra implica hablar de magia.

El argumento de la obra es bien conocido, donde su protagonista Lucio es convertido en asno por un error mágico y recupera su forma gracias a la diosa Isis. El autor de El Asno de Oro recoge en esta obra, varias prácticas mágicas, incluyendo una de sometimiento (semejante a las vistas en estos artículos). La historia se desarrolla en Tesalia, una región de los Balcanes griegos en la cual muchos autores anteriores, presentándola como una zona sombría, habían hablado de la presencia de brujas. Quizás la más recordada sea Ericto, la bruja de Lucano en la Farsalia.

Vamos a repasar algunos personajes y narraciones que tienen lugar para identificar qué prácticas se nos muestran.

La primera maga que encontramos en la obra de Apuleyo se llama Meroe. La describe como hechicera, una adivina que es capaz de rebajar la bóveda del cielo, de suspender en los aires la tierra, de petrificar las aguas, de disolver las montañas. Cuenta en esta obra también que uno de sus amantes había tenido la osadía de irse con otra y con una sola palabra lo convirtió en castor. (El asno de oro, Libro I)

Otra hechicera es Pánfila, la mujer del anfitrión del protagonista.

«Birrena manda que salgan todos y me dice: «Deseo prevenirte, oh querido Lucio, estáte alerta, pero muy alerta, para no ser víctima de las peligrosas mañas y los criminales atractivos de Pánfila, la mujer de Milón, de quien, según dices, eres huésped. Se la tiene por una hechicera de primer orden y una maestra en toda clase de encantamientos sepulcrales.» (El asno de oro, libro II, V)

La esclava de Pánfila habla con Lucio sobre las prácticas que realiza la hechicera y a través de ella conocemos algunas prácticas como por ejemplo: Recoge el pelo del muchacho al que se le quiere lanzar el hechizo, pero se lo impiden y describe cómo Pánfila en una plataforma dispone de unos utensilios para realizar los encantamientos:

«Hay aromas de todas clases por el lugar, láminas cubiertas de escrituras indescifrables, restos de navíos perdidos en el mar, innumerables fragmentos de cadáveres recientemente llorados y enterrados; para dar mayor descripción encontramos restos de narices y dedos, clavos con trozos de carne colgando, guarda en frascos la sangre de personas degolladas y cráneos mutilados por las fauces de las fieras». (El asno de oro, Libro III, XVII)

Todo esto va seguido por las palabras mágicas sobre las entrañas aún palpitantes y prepara el sacrificio derramando varios líquidos:

«Primero agua de la fuente, luego leche de vaca, después miel silvestre y, finalmente, hidromiel». (El asno de oro, Libro III, XVIII)

Otra tarea que define la práctica mágica es lo siguiente:

«Trenza el pretendido pelo, las anuda unas a otras y, con abundantes esencias, las echa sobre ascuas para que ardan. En ese preciso instante, por una irresistible virtud de la ciencia mágica y por la ciega sumisión de las divinas voluntades puestas a su servicio, los pellejos, cuyo pelo crepita entre nubes de humo, recobran un alma humana, tienen sensibilidad, oyen y echan a andar». (Libro III, XVII, página 99.)

Encontramos también una práctica de licnomancia (adivinación mediante lámparas) de esta hechicera:

«Ella mirando a la lámpara, dice. ¡Qué día de lluvia tendremos mañana! Y al preguntarle su marido cómo lo sabía, contestó que la lámpara se lo estaba anunciando. Nada tiene de extraño que esta llama, aunque insignificante y encendida por manos humanas, guarde el recuerdo del otro fuego de mayor magnitud, el fuego celeste que en cierto modo la ha engendrado». (El asno de oro, Libro II, XI-XII)

Milón, el marido, habla también de ciertos oráculos:

«En mi patria, en Corinto, hay un individuo, de nacionalidad caldea, que tiene alborotada a toda la ciudad con sus sorprendentes oráculos y se gana la vida divulgando los secretos del destino: señala la fecha que garantiza un indisoluble matrimonio. A mí mismo, al preguntarle lo que me ocurriría en este viaje, me anunció una serie de cosas altamente maravillosas y muy diversas». (El asno de oro, Libro II, XII)

Aquí vemos anunciado a un tipo de astrólogos, que eran reconocidos en la antigüedad.

Después de habernos documentado con algunos ejemplos de las prácticas mágicas que encontramos en la obra de Apuleyo, nos vamos a centrar en el discurso que recitó tras ser acusado de realizar prácticas de magia negra o goética. Ésta se emplea para conjurar a los espíritus de la magia, los elementales y los demonios; el propósito de este tipo de magia depende del espíritu al que se haya convocado, pues éstas pueden variar desde la curación de enfermedades, hasta la destrucción de una persona. Todo esto es posible ya que las entidades tienen un rango de temperamento, que puede ir desde la obediencia al desafío. Era una praxis perseguida y castigada a nivel oficial, la cual aparece en las distintas obras de Apuleyo de forma determinada y diferente, de una manera abierta. En el texto de la «Apología», su autor, al referirse explícitamente a la magia negra o goética, la ataca públicamente al ser acusado por Emiliano.

Este tipo de magia goética se atañe con la que se expresa en los tres primeros libros de «Las Metamorfosis» por medio de apólogos y fábulas, donde se observan los resultados de la aplicación de este arte. Estas descripciones le valieron la acusación de "saber demasiado". Más tarde encontramos la concepción que tiene Apuleyo de los magos, que son aquéllos que tienen un profundo conocimiento de la ciencia, practica las reglas y las disposiciones de la ley religiosa y los ritos del culto.

Se sabe que las religiones de misterios realizan la teúrgia, que es el vehículo de conocimiento y participación del culto isíaco. Otro aspecto que se denota en las obras de Apuleyo, la noche es la que preside las acciones de magia goética llevadas a cabo por las hechiceras en los tres primeros libros.

Pero también encontramos que las luces, representadas por lucernas o antorchas, son un elemento esencial en las prácticas de magia goética. Así, por ejemplo, la bruja Meroe entre los objetos que utilizaba para sus encantamientos tenía una lucerna. Apuleyo fue acusado de hacer sacrificios nocturnos mágicos a la luz de las teas. Se sabe que al autor se le acusó de prácticas mágicas por poseer una Lucerna, elemento por otra parte de uso habitual en la mayoría de hogares, especialmente durante la época imperial. Con todo, esto era uno de los instrumentos más empleados por la brujería, por lo que a pesar de su otro uso más cotidiano, podía tomarse por sospechoso.

Pero probablemente la acusación de brujería quedaba en realidad en segundo plano, en relación a una acusación más privada y económica. Sabemos que cuando se encontraba estudiando en Atenas, se introdujo en la filosofía aristotélica y platónica, haciendo de esta última su profesión. Sabemos por sus obras que en un viaje a Alejandría, cae enfermo en Oea (Tripolitania). Allí recibe la visita de un amigo llamado Ponciano que le invita a alojarse en casa de su madre con el pretexto de que allí sería bien atendido y se recuperaría mejor. Apuleyo acepta ésta, pasa una larga temporada con Pudentila, la madre.

La convivencia entre Apuleyo y Pudentila acaba en boda, a pesar de la notable diferencia de edad: ella tenía cerca de veinte años más que él. Ponciano, que había tenido mucha parte en el arreglo matrimonial, muere y su hermano pequeño, Pudnes, suscita un pleito contra Apuleyo, a quien acusa de haber embaucado a su madre por arte de magia. Apuleyo emite su propia defensa, «la Apología», señalando que objetos y actitudes comunes a menudo se identifican con un segundo uso, incluyendo cuestiones de ciencia, hablando también del uso de magia "en defensa propia", y logra triunfar por completo.

Para terminar con este artículo, expondremos las conclusiones a las que hemos llegado. Sabemos que la religión romana no sólo se centra en la alabanza al panteón romano, sino que durante muchos años, la religión se mezcla con las prácticas rituales de tantos misterios que es imposible saber el número exacto. Pero lo que sí sabemos es que gracias a las obras de autores que conservamos, como por ejemplo Apuleyo, o Lucano, u Ovidio, podemos conocer a través de los relatos las diferentes prácticas que se llevaban a cabo. Aunque no tengamos detalles al respecto de todas, conocemos el nombre de algunos misterios como los de Eleusis, o la ciudad mágica de la antigüedad, Tesalia. Existían otras ciudades que eran consideradas mágicas y que nos gustaría tratar en otro artículo.

Ignacio Povedano Selfa - ignacio.povedano305@gmail.com

Bibliografía:
Fernández, L. R., El Asno de Oro, Ed. Gredos, Madrid, 1978.
Hidalgo, Mª. J., La magia y la religión en las obras de Apuleyo. 
Luck, G. Arcana mundi: magia y ciencias ocultas en la antigüedad. Gredos, 1995.