Geomancia y Cleromancia

19.05.2018

La geomancia, aunque proviene de los términos del gr. geo-, tierra y -manteia, que literalmente significa "adivinación por la tierra", es un sistema adivinatorio que mantiene un estrecho vínculo con la astrología y lo que se consideran las fuerzas ctónicas y polares de la tierra como elemento, que permiten no sólo realizar predicciones, sino también averiguar el mejor lugar para un emplazamiento o la realización de un evento o un ritual. 

La clasificación de la geomancia por los autores modernos no suele ser correcta ni completa, apenas organizada. Esto se debe a que el término geomancia es un neologismo, bajo el cual se reunieron otras muchas artes que tenían sus propias denominaciones. Si quisiese hacerse una separación algo más precisa, podría dividirse en geomancia occidental, teniendo en cuenta que su tradición viene de oriente y se extiende sobre todo por Europa en la Edad Media a partir del S.XII, gracias a las traducciones al latín de tratados árabes, y la geomancia oriental, cuyas prácticas se centran sobre todo en el territorio asiático. Sin embargo, tampoco esto sería completo, ya que se estarían ignorando todas aquellas prácticas mágico-religiosas que tienen y han tenido lugar en América y Oceanía, "descubiertas" después.

Ya en un texto de Varrón transmitido por Servio, aunque de dudosa procedencia, se clasificaban las artes adivinatorias en cuatro grupos guiándose por los cuatro elementos, donde evidentemente menciona la tierra y por tanto, se identifican tales como geomancias. Agrippa von Nettesheim sigue esta misma clasificación en su De occulta Philosophia (1533), donde se nos indica que por geomancia comprende también el movimiento y sonido de las arenas, su forma de tremolar o de caer. Mas en China, por ejemplo, las corrientes que consideraban cinco elementos no clasificaban la geomancia solamente en tierra, sino también metales.

Por norma general se considera que, al igual que la astrología, durante un tiempo fue una ciencia o práctica reservada al sacerdocio desarrollado en Oriente, pues se conocen usos suyos ya en Mesopotamia y Egipto, y evolucionó muy favorablemente en el mundo asiático y el arábigo, el cual a su vez lo dio a conocer en la Europa medieval occidental. Tal vez su difusión en occidente se debiera precisamente a que la astrología tenía el privilegio de no ser mal considerada, siempre y cuando no entrase en vertiente supersticiosa, pero a través de la geomancia también podía trazarse un mapa celeste irreconocible y dedicarlo a este fin. En el renacimiento, la geomancia, identificada sobre todo con la que mostraba el mundo árabe, fue incluida entre las artes prohibidas junto a otras que se dedicaban específicamente a los otros elementos.

Existen múltiples prácticas que se enmarcan bajo el nombre general de geomancia, basando sus señales y respuestas en las formas que se producen en la tierra mediante tiradas de piedras, palos, objetos variado o incluso guiándose con un péndulo, si bien unas destacan sobre otras, pero tantas otras deben identificarse como Cleromancia. Este arte adivinatorio, del gr. kleros y -manteia, adivinación de la suerte, se practica también desde la antigüedad en prácticamente todo el mundo, desde Asia hasta la América nativa, pasando por las referencias bíblicas, y consiste, básicamente, en arrojar ciertos elementos e interpretar sus posiciones al caer. Bajo esta advocación se reúnen otras muchas prácticas, que en parte se encuentran relacionadas con la geomancia, en tanto en cuanto se considera que su forma de caer no es azarosa, sino que son las energías de la tierra las que propician esas formas, dando un respuesta que se identifica directamente con la situación y las energías de ese momento y lugar. De este modo, cleromancia y geomancia son a menudo confundidas, a pesar de que en muchos casos la dualidad es intencionada y nada molesta para el desarrollo de la práctica adivinatoria en sí misma. Por otra parte, hay quienes obvian estas energías, y atribuyen las respuestas a las divinidades o a una fuerza mayor, el destino. En otros casos particulares, estas energías se asimilaron con el magnetismo, lo cual desembocó en muchas otras actitudes y aptitudes mágicas. Tanto las figuras geománticas como las clerománticas no se basan solamente en su posición o apariencia, sino en la polaridad par (femenino, pasivo) e impar (masculino, activo) de la numerología. No es un método exclusivo, sino que se puede encontrar en la mayoría de métodos adivinatorios por su sencillez y su facilidad para establecer afirmaciones y negaciones en el caso de consultas directas.

Actualmente puede decirse que hay dos vías geománticas, una centrada en la adivinación, y otra en fomentar el equilibrio y purificar personas o lugares, a través de la "redistribución" de las formas, si bien ésta parece más relacionada con las energías telúricas que se considera que la propia tierra desprende, como puede ocurrir en un santuario. En ambos casos, la geomancia parte de la base de que la energía existente en todas partes manifiesta su presencia a través de ciertos métodos como éste, indicando buena o mala predisposición para sus propósitos. A menudo en cleromancia y geomancia se puede disponer de un tablero que representa un mapa celeste o al menos los puntos cardinales, los elementos u otros mapas místicos. La idea de microcosmos y macrocosmos está claramente presente. El hecho de que se reúnan todas bajo la misma advocación no es sólo por utilidad ni por capricho, sino que se produce por su estrecha relación astrológica en todos los casos, pues se entiende que Cielo y Tierra son espejos y un mismo conjunto.

Se exponen aquí algunos de los sistemas más reconocidos que se han identificado con el nombre de Geomancia. Y dentro de esta, la propia Cleromancia, con otros muchos métodos. Esta clasificación no sería aceptada por muchos ocultistas, pero puesto que justamente este artículo pretende demostrar su vinculación y no deslindar su pensamiento primigenio, se expondrán reunidas.

Como Geomancia:

Ilm-al-Raml o Ciencia de las Arenas: probablemente, el sistema geomántico más conocido y reconocido. Surgido en torno al S.IX en el mundo árabe, esta práctica se desarrolla (pues aún hay múltiples practicantes en Irán o Pakistán) trazando puntos sobre la arena del suelo o más comúnmente de un Almadel o tablero que se cubría con la misma, así como arrojando a este tablero un número indeterminado y aleatorio de semillas o piedrecitas en cuatro líneas o grupos. Se descontaban entonces por pares, quedando la posibilidad de que sobrasen uno o dos puntos, o una o dos semillas o piedras por línea. Combinando estos sobrantes se formaba la figura geomántica. Tradicionalmente se realizaba esta operación cuatro veces para obtener las cuatro figuras principales de las que se extraían otras cuatro, combinando vertical u horizontalmente las cuatro líneas de estas primeras figuras obtenidas. El procedimiento completo será desarrollado en otro artículo, ya que fue muy apreciado en el Medievo europeo y durante el Renacimiento hubo una gran expansión de su uso en los grimorios.

Psammomancia: a menudo identificada con la geomancia árabe, también se identificó durante un breve tiempo con la interpretación de signos en la arena (ondas, bultos, huellas...) o con las formas que produce al arrojarla. Este sistema, que resurge cada poco tiempo, no termina de gozar de suficiente popularidad.

Feng Shui: A pesar de que se tiene un conocimiento limitado, desde el S.XX se ha popularizado bastante; sin embargo, a menudo se obvia su parte geomántica. Literalmente "viento-agua", el Feng Shui puede definirse como una ciencia paisajística, que, muy resumidamente, busca el Qi o energía vital para conocer dónde situar un santuario, un hogar o la distribución de los mismos. Al contrario de lo que se pueda opinar, no es una cuestión aleatoria, sino que tiene un componente astrológico, puesto que se entiende que el mundo terrestre es un reflejo conectado del mundo celeste. Además, se desarrollaron complejos tableros de adivinos que desembocaron en brújulas geománticas. El punto donde confluyen las energías recibe el nombre de Xue, y la idea principal de encontrar este lugar es no romper el conjunto armónico universal.

Radiestesia y Rabdomancia: Esta práctica considera que la polaridad y el magnetismo de la Tierra pueden ser percibidos tanto por gente con capacidades ignatas como mediante ciertos elementos auxiliares como un péndulo o una vara o rama de madera, que se mueven llevados por este magnetismo o energía, indicando lugares específicos donde podían encontrarse tesoros o dando respuestas positivas o negativas según su movimiento vertical, horizontal y circular. Esta práctica crea controversia ya que la utilización de varas en horquilla para encontrar aguas subterráneas en la antigüedad parecía bastante extendida, lo que por una parte "defiende" su valía y por otra, se sale completamente de la adivinación acostumbrada. Por otra parte, se cuestiona si el elemento auxiliar tendría la capacidad en sí misma o si es el adivino o zahorí quien realmente se manifestaría a través de él.

Oráculos ctónicos: Muy acostumbrados en la antigüedad por identificarse directamente con las divinidades terrenales e infraterrenales, hay quien las incluye dentro de la geomancia, pero esto parece una interpretación basada directamente en su etimología, que no tiene demasiado que ver con el resto de prácticas mencionadas.

Molibdomancia: Por algún motivo no demasiado definido, acaso por ser un material "terrestre", la molibdomancia se incluía entre las prácticas geománticas, más por método interpretativo que por la práctica en sí misma, ya que consistía en derretir plomo y echarlo en agua fría, interpretando las formas que se producían tanto en el agua como al sacar los restos. Por el contrario, la ceromancia, de procedimiento generalmente muy parecido pero utilizando cera fundida, nunca se ha identificado con la geomancia.

Y dentro de la geomancia, pero también independientemente, la Cleromancia.

Cleromancia: arte adivinatoria consistente en arrojar objetos como dados (cubomancia), habas (quiamobolia) y otros elementos como tabas (astragalomancia) y hojas (filomancia), basándose en que las respuestas tienen su fundamento en las energías telúricas que definen su posición. Muchos de los sistemas enmarcados dentro de la geomancia se encuentran relacionados directamente con este pensamiento.

-Litomancia: del gr. lithos-, piedra; por su relación con la tierra, el uso adivinatorio de piedras y gemas también es identificado como una práctica geomántica. Hay quien retrotrae sus orígenes a la prehistoria. Hay múltiples variantes de uso, desde clasificarlas por colores, número o sonidos que realicen, a tomarlas al azar y contarlas - siendo la respuesta positiva o negativa según sean impares o pares y dependiendo de la tradición que se siga -, pasando por su identificación con los elementos naturales o las figuras astrológicas. Se incluyen aquí también aquellas que tienen inscripciones o símbolos, por lo que las runas, por ejemplo, podrían entrar en este apartado, ya que además, reúnen el elemento de la polaridad al caer invertidas.

-Lecanomancia: Relacionada con la litomancia, las respuestas en este caso se obtienen interpretando el sonido que realizan las piedras o gemas al ser arrojadas en el interior de un plato o vasija.

-Oráculos Yoruba: Relacionada con la geomancia por su herencia africana, algunos oráculos de la Santería americana-yoruba, que también se llevan a cabo en las comunidades yoruba del oeste africano, realizan sus consultas arrojando al suelo piezas talladas de coco (Oráculo Biagué), de nuez de kola (Obi Abatá) o de caracoles Diloggún). Su polaridad (blanco-negro, masculino-femenino, boca arriba-boca abajo, etc.) y sus posiciones tienen mucho que ver con el modelo geomántico general, pero sobre todo, con la cleromancia.

-Acutomancia: Muy relacionada con la cleromancia, consiste en la adivinación mediante agujas, arrojándolas e interpretando su forma de caer tanto en agua como en un soporte físico.

-Escapulomancia: Muy extendida por todos los rincones del mundo en la antigüedad, la interpretación, no ya de las marcas de los huesos, sino de sus tiradas, es un claro ejemplo de cleromancia, unido al valor vital de las propias fichas óseas, ya fueran animales o, muy extrañamente, humanas. Este oráculo se sigue desarrollando, por ejemplo, en zonas del sur de África.

-Esfondilomancia: el movimiento de los objetos sobre el terreno también puede ser considerado como una señal o indicación de la tierra, transmitiendo un porvenir concreto. Tanto más si el movimiento se produce sin intervención aparente. La izquierda y la derecha, lo par o lo impar y el propio simbolismo del objeto para quien lo observa lo convierte en un sistema inexacto y variable que acaba quedando en lo anecdótico.

- Otras muchas mancias, arrojando flores, semillas, como el oráculo mesoamericano de los granos de maíz, e incluso objetos personales. La mayoría de estos métodos requieren la ayuda de un conocedor del oráculo o vidente que ayude a la correcta interpretación de las posiciones. No deben incluirse aquí las prácticas que conlleven arrojar cualquier elemento que no pueda considerarse físico o independiente, esto es, elementos como la sal o ciertos líquidos. Sólo arena se permite, y como hemos visto, ello queda dentro de la psammomancia.

Para concluir y contrastar lo expuesto en este breve trabajo, no podemos dejar de hablar del I Ching, el oráculo chino, también conocido como Libro de las Mutaciones, está relacionado directamente con la cleromancia y también con la geomancia por su polaridad y su interrelación elemental. Es uno de los mejores ejemplos para ilustrar las semejanzas que se encuentran entre ambos métodos. La forma más común de desarrollar este oráculo consiste en arrojar tres monedas - antiguamente era más común utilizar cincuenta varillas - , cuya caída en cara o cruz, identificadas con yin-yang para su polaridad e imparidad, durante seis tiradas revela 18 formas que, combinadas, conforman el oráculo con los hexagramas, que a su vez se organizan en sectores o casas. También se pueden desarrollar los hexagramas oraculares combinando en superposición hexagramas considerados "base", lo que recuerda al procedimiento de la Ciencia de las Arenas. Por otra parte, quienes siguen con una tradición más cerrada, tienen también en cuenta los puntos cardinales.

El neologismo "geomancia" cobra vigor durante el S.XIX, sobre todo por el interés incipiente por toda la cultura del continente asiático. Junto al Feng-Shui y el I Ching se revalorizan los orígenes indios y persas de la geomancia árabe, así como los usos de la cleromancia de manera auxiliar o independiente, dejando de tomarse por método primitivo para identificarlo directamente con todas aquellas mancias que requieren de "tiradas". Sin embargo, las consecuencias del S.XIX y su máximo interés no hacen mella en la práctica real, provocando, incluso a día de hoy, que por geomancia pueda encontrarse información casi exclusivamente del Feng-Shui y de Ilm-al-Rami, y que la cleromancia quede ignorada, desprestigiada y relegada a un sistema adivinatorio considerado extremadamente sencillo, salvo que tenga un nombre propio.

Pietro Viktor Carracedo Ahumada - pietrocarracedo@gmail.com

Bibliografía:
-Flores Arroyuelo, F.J. Diccionario de supersticiones y creencias populares, Alianza Editorial, 2000, Madrid
-Genta, N. Geomancia. Editorial Kier, 1980, Buenos Aires.
-Servier, J. (dir.) Diccionario crítico de esoterismo, Akal, 2006, Madrid.